Los primeros años setenta vieron el reforzamiento de una línea que siempre había existido dentro de la obra de Tàpies pero de un modo marginal y paralelo a la pintura: la del objeto, la del montaje. Conectando con cierta estética povera entonces en pleno auge, se sucedieron una serie de montajes muy espectaculares y agresivos: sillas y sillones, armarios, mesas recubiertas de paja…
En buena medida estos montajes entroncan con los objetos dadaístas y sobre todo con los surrealistas. Blau i taronja, aunque no es un objeto sino un cuadro, puede ser expuesto en relación con algunas de esas obras del Tàpies de los setenta. Hay aquí un elemento de sorpresa: la tela desborda el bastidor que la soporta. La presencia objetual del cuadro así resultante es de una intencionada pobreza. En medio de esa pobreza se abre paso sin embargo otro acento, esa voz más íntima y lírica, más dispersa, renovadamente pictoricista que, ya a finales de los setenta y sobre todo en los ochenta –con cuadros cada vez más blancos, animados por los barnices transparentes– será la de Tàpies."
Juan Manuel Bonet


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